sábado, 8 de mayo de 2010

La Ley Arizona: Una Buena Ley

La solidaridad en el mundo avanza con pasos muy cortos, donde avanza. En muchas regiones no se mueve y, en otras, que debieran ser ejemplo, retrocede a pasos de gigante, como es el caso reciente con la ahora denominada Ley Arizona, promulgada por Jan Brewer, Gobernadora del Estado del mismo nombre, de la Unión Americana, cuya costumbre es apropiarse de todo, nombres genéricos, tierras, productos, ganancias, etc.

La Ley en cuestión obliga, en esencia, a la policía local a hacer cumplir en el Estado leyes del ámbito federal, a sancionar a quienes protejan o ayuden a los indocumentados, así como a los que les extiendan un contrato de trabajo. La persona que sea detenida por este delito será encarcelada y posteriormente deportada. Si se da el caso de que el deportado tenga hijos nacidos en los Estados Unidos, éstos no podrán abandonar el país, por lo que, adicionalmente, las familias que enfrenten esta situación, a todas luces injusta por inhumana, sufrirán la pena de la separación.

Desde luego esta Ley es caldo de cultivo sazonado con ingredientes explosivos que datan de muchas decenas de años como la compleja vecindad fronteriza México-USA, la apropiación de territorio mexicano a partir de la intervención armada de los Estados Unidos a México (1848) con su vergonzoso Tratado Guadalupe-Hidalgo, el racismo anglo-sajón, la venta de La Mesilla por Santana (1853), el odio contra nuestros compatriotas que buscan un trabajo, el contrabando de mercancías y armas y, más recientemente, el avance del narcotráfico con sus oleadas de secuestros y asesinatos.

Dicha mezcla de problemas que genera una historia de infortunios, a veces olvidada pero siempre presente, por fuerza desemboca en un fenómeno social, económico y político, que de ninguna manera puede ser tratado unilateralmente con todo y que las naciones son soberanas en sus decisiones internas. En todo hay excepciones y esta es una de ellas porque existen poderosas e históricas razones para que cesen los agravios a los mexicanos.

El Tratado, por ejemplo, estipuló la protección de los derechos civiles y de propiedad de los 80 a 100 mil mexicanos que permanecieron en el nuevo territorio anexado y que representaban el 4% de la población de México. Sin embargo, cuando el senado estadounidense ratificó el Tratado, eliminó el Artículo 10, el cual garantizaba la protección de las concesiones de tierras dadas a los mexicanos por los gobiernos de España y de México. También debilitó el Artículo 9, el cual garantizaba los derechos de ciudadanía de los mismos.

Lo anterior, a su vez, provocó una atmósfera anti-mexicana que dio lugar a la violación de sus derechos civiles: en Texas, se les restringió el voto; en Nuevo México, fueron victimas de la violencia y en California, las autoridades aprobaron leyes contra ellos, algunas de las cuales se les conoció como Greaser Laws, o Leyes contra los Grasosos (grasoso siendo un término de desprecio). A fines del Siglo XIX, la mayoría de ellos perdieron sus tierras a través del despojo o del fraude.

Durante el Movimiento Chicano de los años 60, el líder de los derechos a la tierra de Nuevo México, Reyes López Tijerina y su grupo Alianza, invocaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo en su lucha por recobrar las tierras que les fueron despojadas a los mexicanos de aquella época. En 1972, los Brown Berets, o Gorras Café, una organización de jóvenes activistas latinos, también invocaron el tratado cuando se apoderaron temporalmente de la Isla Catalina. (The Border).

Si recordar la historia nos ofende, pensar que por buscar trabajo en nuestra propia tierra (Arizona, La Mesilla) podemos terminar en la cárcel, no tiene nombre. ¿Qué nos impulsa a emigrar aún sin papeles? Pues mire: solo el PIB (Producto Interno Bruto) de Arizona equivale a la cuarta parte del de todo México; su territorio es un 20% mayor que el de Chihuahua, nuestra entidad más grande; su población total es apenas el 6% de la de nuestro país, unos 6.5 millones de habitantes; y para que no quepa duda, a cada habitante de Arizona le tocan 49,971 dólares al año contra 6,894 que recibe en promedio cada mexicano. Esta es la razón más poderosa que nos impulsa a emigrar: ¡basta con cruzar la frontera que está tan cerquita para que uno encuentre un trabajo siete veces mejor pagado que en México!

En el encabezado dimos a entender que se trata de una “buena Ley” y ello es así porque ha propiciado que en todo el mundo se recobre el interés, la necesidad y la urgencia de que el Congreso de los Estados Unidos realice la tan esperada reforma a Ley de Inmigración y da pie a que el Presidente Obama, quien ha criticado con sarcasmo la Ley Arizona, empuje a los Congresistas. Eso es bueno, particularmente si se considera que solamente en Arizona viven cerca de 400 mil mexicanos indocumentados.

Por otra parte, también decimos que es una “buena Ley”, porque desnuda el fondo de los verdaderos intereses de las clases dominantes de los Estados Unidos, que a través de esta Norma muestran con monumental cinismo el desprecio a quienes con su trabajo, mal pagado por cierto porque son “ilegales”, contribuyen a su riqueza, olvidando, entre muchas otras cosas, que la nación estadounidense creció sobre la base del despojo de tierras y se labró con el concurso de millones de inmigrantes que poblaron ese país por la buena y por la mala.

Ahora resulta que justifican la promulgación de la Ley Arizona basados en que su seguridad se ve amenazada; que responde a “una crisis que nosotros no creamos” (Brewer); que los ilegales han presionado el aumento de población a 600,000 habitantes en menos de 5 años; que los transgresores, mexicanos sobre todo, han asesinado a granjeros y empresarios muy estimados en la sociedad de Arizona. Las estadísticas criminales muestran otra cosa: de 2005 a 2008 los crímenes violentos disminuyeron en más de 1500 casos; los robos y delitos “menores” en el mismo lapso, pasaron de 287 mil a 279 mil; el número de detenciones registró un pico de 600 mil individuos en el año 2000, en tanto que para el 2009 dicho número disminuyó a 241,000. Es decir, el ambiente de seguridad ha mejorado. El que ha empeorado es John McCain.

El rechazo mundial a la Ley Arizona, demuestra lo evidente, que las fronteras sólo sirven para dividir. La existencia de fronteras es un absurdo más de nuestro mundo “civilizado”. Si se abren las fronteras la gente va a ir como siempre a los Estados Unidos y si no encuentra lo que busca se regresara a su pueblo. No porque se abran las puertas se va a vaciar México o Guatemala o Colombia, lo mismo que no por haber libre tránsito entre los estados mexicanos, se ha vaciado Yucatán o Tlaxcala y se han ido todos a Monterrey o al DF en busca de chamba. Las cosas no son así. Construyamos puentes, rompamos los muros que no están hechos de piedra si no de odios. Cae el Muro de Berlín y se levanta el de Arizona.

sábado, 1 de mayo de 2010

Futbol: Reglas para una Afición Defraudada

Salvo por honrosas excepciones y por las deliciosas botanas que uno ingiere sin tiempos de descanso, durante el desarrollo de un partido de futbol asociación, le queda a uno, al término del juego, una sensación frustrante por el aburrido deambular de los 22 jugadores en la cancha o por los frecuentes y a veces muy graves errores que cometen los árbitros habilitados como jueces, por obra de una Comisión que está integrado con representantes de los dueños de los equipos o, en juegos internacionales, por los silbantes designados por los tatiches de la FIFA.

Algunos de esos gazapos arbitrales alcanzan el rango de ofensa nacional como la mano de Henry con la que Francia eliminó a Irlanda del camino a Sudáfrica. La historia de las patadas registra varios casos garrafales. Errores que todos vemos y nadie corrige. Y, bueno, guste o no, el futbol es una actividad de interés nacional y por ello la importancia de opinar sobre el tema, particularmente hoy que da inicio la Liguilla del Futbol Mexicano y en junio próximo el Mundial de Futbol.

Para empezar, me declaro neófito en el juego y comparsa de la publicidad porque solo veo por TV o asisto, a los partidos que más se publicitan, esperanzado si no es que ilusionado, en que van a ser espectaculares y, en la mayoría de los casos, resultan normales, o sea, frustrantes. Caso concreto el partido (?) Milan-Barcelona del miércoles pasado, en el que el primero se encerró como ostra para defender 2 golecitos y lo logró. Pero no me debo quejar, ya que el transcurso del fraudulento partido (?) disfruté de varias siestecitas.

Sin embargo, también me declaro crítico observador de las cosas que no me parecen y que, como el último de los ciudadanos que les gusta el deporte, también meto mi cuchara buscando que los partidos sean más divertidos y más recordables y con eso paso a decir lo que me gustaría que ocurriese a fin de que el aficionado, mil veces defraudado, reciba un bálsamo de compensación:

  1. ARBITRAJE CON APOYO DE LAS CAMARAS: que los árbitros basen sus decisiones en lo que las cámaras les muestren y, para no hacer más lentos los partidos de lo que ya lo son, que los ajustes a sus decisiones arbitrales, los hagan en el intermedio y al final de cada juego. Así, se podrán anular goles dados por buenos o aceptar goles que fueron indebidamente anulados. La posición de la FIFA al respecto, es que no conviene permitir el apoyo de la tecnología porque el juego perdería su “sabor”, al eliminarse la posibilidad de la equivocación, inherente a todos los seres humanos y, por lo tanto, sugiero yo, a conservar la posibilidad de amañar los juegos.
  2. CAMBIOS DE JUGADOR SIN LIMITE: no se debe abusar de la capacidad física de los jugadores porque además de atentar en contra de su salud (lo cual es inhumano), a vista y paciencia de todo tipo de autoridades, reduce la energía con que se disputa el balón y desluce el espectáculo. Así, para que no se explote al jugador ni éste se “administre” durante el partido, deben darse todos los cambios que el entrenador juzgue necesarios. Que use a toda la banca y que haga 6, 7, 8 cambios, los que sean convenientes para mantener el dinamismo del partido.
  3. HABILITAR A TODOS LOS JUGADORES EN TIEMPOS EXTRA: si el partido llega a los llamados tiempos extras, durante los cuales el espectáculo ya se vuelve deprimente porque el público observa el sufrimiento del jugador que ya no puede ni respirar, que siente que el corazón se le sale del pecho y que los calambres lo agobian, entre otras muchas cosas, debe declararse que todos los jugadores que forman el equipo, tengan derecho a jugar de nuevo, como si el partido volviera a empezar, ya que de hecho así es.
  4. EQUIPOS COMPLETOS TODO EL TIEMPO: con el mismo fin de no demeritar el partido ni el equilibrio de fuerzas, el jugador que sea expulsado del juego, deberá de ser reemplazado inmediatamente. La gravedad de la expulsión deberá, en todo caso, ser analizada por un comité que determine la sanción que corresponda y que, como ya ha ocurrido, suspender a un jugador de por vida, si es el caso, de las canchas profesionales o amateurs. Naturalmente, esta propuesta da pie para realizar un debate específico sobre las alternativas de penalización para el equipo al que le expulsen un jugador. De hecho no debe de haber límite de expulsiones como no sea la capacidad de reemplazo de los que están en la banca.
  5. ELIMINAR O REPLANTEAR EL OFF-SIDE: lo que a los aficionados y no aficionados más nos gusta y más nos “prende” es, indudablemente, los goles que se aciertan en cada partido. Sin embargo, con la infortunada regla del “off-side”, nos dosifican los goles, los racionan, son poquísimos y los marcadores resultan en algo como 1-0, 2-1, o ya de plano ninguno, 0-0.¡Que quiten la aciaga regla del “off-side”! Lo exigimos el público que paga y sostiene el espectáculo. ¿No qué el cliente tiene la razón? Pues preferimos marcadores de 4-3, 5-2 o 9-6 pero nunca de 0-0. Entiendo que la regla del “fuera de juego”, se introdujo con la finalidad de adelantar las líneas y buscar más goles, superando así a los equipos “defensivos”, pero lo cierto, y lo que he visto, es que cada vez es más difícil anotar un gol.
  6. TIEMPO EFECTIVO: cuando concluye el partido el árbitro añade a voluntad unos minutos más como “tiempo de compensación”, lo cual indispone al público y genera cualquier tipo de sospechas por lo que respecta a favorecer a uno u otro de los adversarios. Esto se soluciona añadiendo la regla del tiempo exacto de juego, es decir, si se pactan 90 minutos de tiempo reglamentario, entonces cada vez que se detenga el juego por causas reales a tramposas de los jugadores, también deberá detenerse el reloj y reanudarse el conteo al tiempo que se reanuda el partido. Sin duda, esta regla hará transparente los partidos.
  7. NO MAS EMPATES: una más: que se acaben los empates. Ya se hizo un experimento en los Estados Unidos. No se como les fue pero me cuentan que la FIFA los paró en seco. Si el partido concluye 0-0 en el tiempo reglamentario de un partido, se debe pasar inmediatamente a definirlo en series de penales. Los puntos quedarían en 3 para el equipo que ganó en tiempo reglamentario y 1 para el que ganó en penales.

Ah!, que no suban el precio de las entradas en los juegos “buenos”. Que ya no le carguen la culpa de todo lo malo de un partido al bienintencionado nazareno. Que se ponga freno al despilfarro televisivo-publicitario: ¿Alguien puede calcular cuanto dinero se ha gastado, digamos los últimos dos años, en promocionar los tres partidos seguros que la “Verde” disputará en Sudafrica? ¿A cuanto ascenderán los beneficios? La pregunta que sigue, por obscena, no se puede publicar, pero no importa, usted la sabe.


sábado, 24 de abril de 2010

WOW!

A veces no se si ponerme a rezar o a maldecir. Particularmente cuando me invade el desconcierto porque se empiezan a reiterar cosas que no comprendo como pueden pasar, cosas que cuando ocurren nos brota de manera espontánea una exclamación del tipo de: ¡No puede ser! Cosas que agravian nuestra mexicanidad y que en el cotidiano parece que son trivialidades y que cuando se exhibe la falta nos responden con un “exageras”, cuando el ánimo del interpelado es condescendiente o con un “estas chocheando”, cuando la respuesta llega con aire de fastidio.

Dicho comentario viene a cuento porque desde hace algún tiempo he venido observando con pesar y desconcierto, como ya advertí, que los jóvenes, los no tan jóvenes, los cultos, los no tan cultos, los presuntuosos y los medio presuntuosos, cada vez más y con mayor naturalidad y desenfado utilizan la expresión ¡WOW¡ para denotar un asombro extraordinario por algo que generalmente comentan entre ellos:

- No es cierto, estas estrenando coche, ¡WOW!, ¡dime que sí!

- ¡WOW! Lupita, te ves super …

- ¡WOW! Pepito, sacaste 10 en inglés, eres un genio, ese es m’hijo.

Así, nos podemos seguir sin freno porque ya se volvió parte de nuestro cotidiano hablar. Al principio yo escuchaba la expresión de asombro sin captarla. Yo oía algo como ¡guau!. No la entendía y realmente no sabía ni su significado ni su aplicación y mucho menos que la paternidad de la palabrita era gringa. Bueno, al tiempo la entendí, reconozco mis limitaciones, busqué en el diccionario y encontré que significa increíble. Hasta ese momento pensaba, sin darle mayor importancia, que eran modas coloquiales entre los jóvenes.

Sin embargo, tal perspectiva cambió cuando en una sesión de trabajo colectivo, reunidos por orden del director general más de 100 funcionarios de una empresa, provenientes de casi cualquier parte del país, les presentaron al nuevo director de calidad (o algo así) que a su vez presentó, ante tan nutrida audiencia, su programa de trabajo. Fue en ese inesperado momento cuando me atacó la más vil de las bilirrubinas, poniéndome en la encrucijada de no saber si ponerme a rezar o a maldecir como les comenté al principio.

Ni más ni menos se trataba de que la calidad de los servicios ofrecidos a los queridos Clientes, llevara a éstos a exclamar ¡WOW! Si el Cliente expulsaba un ¡WOW! desde lo más hondo de su corazón, eso significaba que estaría feliz con los servicios de la empresa. Bien, continúo con el desarrollo del programa de trabajo del nuevo director de calidad (o algo así). La clasificación de sus indicadores para medir la calidad de los servicios, más o menos iba de Mala, Regular, Buena, Excelente (hasta aquí era lo normal, como cualquier clasificación razonablemente castiza que todos los mexicaltzin entendemos) y, aunque usted no lo crea, se sacó de la manga el ¡Nivel WOW!, o sea, lo mejor de los mejor pero mejorando lo mejor (?).

La cuestión del idioma es un tema delicado, porque las palabras no solo son un medio para comunicar nuestros propósitos, si no también y, principalmente, porque conllevan una carga emocional y cultural única, que da sentido de lugar y pertenencia, que produce un legítimo orgullo y la grata sensación de identificar a un paisano allende las fronteras, cuando las circunstancias nos alejan de la tierra que nos cobijó al nacer, de las hamacas, de las huayas y caimitos, de los panuchos, del tinhoroch y de todas estas ya casi nostálgicas palabras que dan sentido a la palabra Patria.

Para no ir muy lejos, el jueves 22 de abril pasando las 8 de la mañana, sonó mi teléfono y leí un mensaje de Telmex promocionando un concurso para ir a Sudáfrica en ocasión del Mundial de Futbol, que iniciaba, si, adivinó usted o también le llegó, con la palabra ¡WOW! en mayúscula. Supongo que los publicistas de Telmex suponen ingeniosamente que todos los mexicanos con teléfono, han hecho suya esa palabra.

Pero que les cuento, ya todos nos hemos dado cuanta de la sutileza con que los modismos, principalmente anglicanos, se infiltran en nuestro diario quehacer y de la velocidad con que vamos perdiendo nuestra personalidad como país, nuestro estilo, nuestro idioma y lo peor es que no encontramos la manera de revertir este proceso. De verdad, en este caso que como ejemplo les comento, es una lástima que se vaya perdiendo nuestra muy profunda, popular y significativa manera de expresar ante lo increíble, nuestro asombro: ¡Órale! (en el centro del país) o ¡Mare! (en la Península). Pero bueno, parece que no hubiera sido muy elegante promover el Nivel Órale o el Nivel Mare. Así están las cosas a 200 años de nuestra “Independencia”.

sábado, 17 de abril de 2010

Democracia Imperfecta o Tercera Vía

Tratándose de política casi siempre el agua esta turbia, pero observándola en las proximidades de campañas electorales, la chicoleada es tan fuerte que el agua turbia se vuelve fango. Y no digamos a que huele, porque la confianza que usted me dispensa tiene límites. Pero yo, como veo doy, pongo a su disposición una información que elaboré con cifras del INEGI, que contiene datos muy duros:


DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO POR DECILES DE POBLACIÓN (2005)

Población: 10 10 10 10 10 10 10 10 10 10 = 100 % (Total: 104 millones de habitantes)

Ingreso: 2 3 4 5 6 7 9 12 16 36 = 100%

Fuente: Elaborado con datos del INEGI. OCEI, Toluca, 28 de Nov- del 2006, Héctor Ruiz R.


No voy a entrar a los laberintos de la teoría económica. Me limitaré a comentar la vulgar y absoluta sencillez de la realidad que muestran estas encueradas cifras que ofenden y denigran a nuestro pueblo y cuestionan severamente los motivos para celebrar el Bicentenario o el Centenario. Veamos: el primer 10% de la población recibe apenas el 2% de los ingresos generados en el país durante todo un año. Digámoslo así: de cada 100 pesos que producen los mexicanos, 2 pesos son para la gente más pobre, mientras que en la otra punta, el último 10% de la población, los más ricos, reciben 36 pesos de esos mismos 100.

Si observamos los primeros dos deciles, podemos decir que hay cerca de 20 millones de mexicanos que están en la pobreza extrema, en la miseria, pues. Si abarcamos hasta el quinto decil, entonces más o menos 50 millones de mexicanos viven en la pobreza ya que solo reciben el 20% del ingreso nacional. Sexto, séptimo y octavo decil, puede decirse que es lo que queda de la clase media del país, unos 30 millones de habitantes que se embolsan el 28% del producto nacional. Digamos que salen tablas y más o menos alcanza para cubrir todas las necesidades. Pero agárrese usted: los dos últimos deciles, alrededor de 20 millones de habitantes, se apropian, sí, he dicho bien, se apropian, aunque sea legal y el sistema económico, político y social este diseñado para eso, ¡del 52% de la riqueza que cada año se produce en México! En general, para que las cosas no empeoren, nuestra nación exige producir 8 pobres para lograr 2 ricos. Aritmética elemental y hasta aquí la grave realidad económica que vivimos.

Por otra parte observamos también que los políticos del color que sean, abrazan las mismas causas e iguales banderas: todos ofrecen resolver las carencias y necesidades del pueblo, es decir, empleo seguro y bien remunerado, educación accesible, salud sin restricciones ni burocracia, esparcimiento y seguridad, entre otros requerimientos vitales. Desde luego, todos los partidos piden el voto a cambio de solucionar dichas necesidades y el ciudadano ejerce el voto no por una propuesta, ya que todas se parecen, si no por el que habló mejor, el que hizo más ruido, el que repartió más souvenirs, bueno, más parecen campañas escolares que políticas.

Lo anterior viene a cuento, porque vemos la febril actividad que desarrollan los candidatos y sus seguidores, en busca del poder. Porque miramos el agua en ocasiones turbia y en otras fangosa, debido a las alianzas entre partidos antagónicos, a los acuerdos y coerciones internas, a la sobrevivencia de la dedocracia y la meritocracia, a las promesas de concesiones a cambio de financiar campañas, a la diatriba y ofensa fácil, a la calumnia y la infamia pública. Así se preparan y se enfrentan los partidos y a ese sistema se le llama democracia. En todo caso más propio sería llamarlo partidocracia, como algunos ya lo hacen.

Lo que no veo, es que en vísperas de elecciones se prepare la sociedad, que la sociedad participe y haga presente sus intereses y que ese movimiento sea el que genere candidatos auténticos que vivan y representen el sentir y el pensar de cada grupo social. Esa expresión participativa de la sociedad que no la veo, repito, es la esencia del proceso democrático. Como aún no se da y solo tenemos la de los partidos, entonces tenemos una democracia imperfecta que no busca el bien común sino el poder efectivo.

¿Poder para que? ¿Para que las cosas cambien y el pueblo viva mejor? Después de las cifras que hemos mostrado al principio y que son el resultado de los últimos 200 años, parece que la lucha por obtener el poder queda muy clara: ¡la lucha por el poder es para que las cosas no cambien! Para que todo siga igual y el 20% de la población más rica de este país continúe conservando sus privilegios. Que quede claro: no queremos un país sin ricos, para nada, lo que impulsamos es un país rico, poderoso, con un pueblo sano, educado y con muy alto nivel de ingreso, pero actualmente se pierde el tiempo buscando el voto mediante la promesa fácil y no veo propuestas políticas serias que expliquen COMO y CUANDO van a cumplir con la palabra empeñada, como aquella no muy lejana que decía: seré el Presidente del empleo.

Que nos queda. Echemos una mirada miope, cortita, sin pretensiones de visión aguda como la de águila o la de lince. Cerquita. Recordemos el desenlace de los grandes sistemas económicos y políticos que rigen el desarrollo de las sociedades en los últimos años. El sistema capitalista ha fracasado, si me acepta usted calificarlo así a partir de la enorme desigualdad y concentración de la riqueza que actualmente impera en el mundo. La más grande concentración de todos los tiempos, aunada la pobreza de las ¾ partes de la humanidad y la destrucción y muerte producto de las guerras entre potencias y países del mal llamado tercer mundo. El capitalismo no encontró caminos para hacer realidad los nobles propósitos de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

La esperanza de un mundo más justo que ofreció el sistema socialista (al comunista nunca se llegó), igualmente ha desembocado en un fracaso, ya que en los ciudadanos de esos países se generalizaron los términos de la pobreza y, de la misma forma, no encontraron los caminos para hacer realidad los ideales de la Revolución Francesa. Caído el muro de Berlín, fraccionada la Unión Soviética y varios de los países del ex-bloque socialista, el éxodo de su gente buscando trabajo en el resto de Europa, cubanos y chinos empecinados en que están en la ruta correcta, no dejan tampoco lugar para negar que el sistema socialista también ha fracasado.

Que nos queda. Un capitalismo rampante, un socialismo quebrado y de ellos una democracia imperfecta. Y en México y, por ende, en el Estado de Quintana Roo, unos partidos políticos sin timón y a mar abierto (parafraseando a Joaquín Pacheco en Maretazo), a veces golpeándose, otras intercambiando salvas y recientemente sumándose para crear una armada invencible que atraque sus naves en las suaves aguas de la Bahía de Chetumal. Todo puede ocurrir en busca del poder para que nada cambie, para que todo siga igual. Sin embargo, hay un mayor nivel de madurez en el colectivo de la sociedad que esta en espera de un detonante que permita enfrentar con seriedad los problemas que por siglos nos aquejan.

Ni capitalismo ni socialismo. Hay que trabajar para encontrar una Tercera Vía. Los políticos en campaña tienen hoy una gran oportunidad para promover la participación ciudadana y sumarse a los esfuerzos de la gente que en todas partes del mundo están trabajando para lograr un sistema económico y social más justo, integracionista, equilibrado y cuyo propósito es distribuir una riqueza nacional que se crea socialmente pero cuyos beneficios se concentran en pocas manos.

Por lo pronto habrá que seguir a los candidatos que los partidos nos impongan para elegir, eventualmente, al que nos gobernará los próximos años. Como ciudadanos hagamos al menos el ejercicio de cuestionar sus promesas induciéndolos a que nos digan COMO lo van a hacer y CUANDO van a cumplir con ellas ya que, en el camino a la gran elección, la ciudadanía les aportará ideas y soluciones que a ellos les ayudarán a realizar un buen gobierno.

sábado, 10 de abril de 2010

Las Empresas Aseguradoras

Seguro que a usted ya le pasó algo desagradable con una empresa de seguros, porque lo único seguro es que si usted llegó a necesitar el seguro de dicha empresa, le aseguro que, al menos en principio, sufrió de una negativa, malos tratos, indefinición de responsables y jugaron con usted pasa la bola. Seguro.

Enfrentarse a una compañía de seguros, es como enfrentarse a un equipo de futbol americano, no solo por su gran tamaño y amenazador aspecto, si no porque tienen dos equipos en acción. Me explicó: tienen un equipo de atacantes que lo forman las líneas de ventas, integrado con gente agradable, amable y simpática, irresponsables en su mayoría, que le ofrecen el cielo y las estrellas y todo tipo de seguridad y confianza para que les compren una póliza, cobren su comisión y solo se vuelvan a acordar de uno cuando dicha póliza está por vencer.

Por otra parte, si usted sufre algún percance le indican que se ponga en contacto con Servicio a Clientes. Bueno, pues este departamento equivale al equipo defensivo de las aseguradoras, quienes harán todo lo posible por evitar el pago del seguro, aludiendo a la vigencia de su póliza, las coberturas a las que tiene derecho, en fin, un vía crucis que, en caso de rechazo, lo marca a usted como prospecto de fraude, ya que les “huele” mal que usted haya querido “sorprender” a la aseguradora por el simple hecho de solicitar que lo apoyen. Se pueden relatar varios ejemplos. Pero veamos uno solo en esta ocasión, que me describió un amigo:

El asegurado acude al médico por un problema respiratorio. Tiene más de 15 años pagando una póliza de gastos médicos mayores. Diez de ellos cubiertos en una póliza familiar y los últimos 5 con una póliza individual. El médico diagnóstica una obstrucción nasal por crecimiento de cornetes y pronostica su curación mediante una intervención quirúrgica. El paciente aprueba la recomendación del médico y éste acepta operarlo mediante el pago que determine la compañía de seguros indicándole al paciente los comprobantes que deben acompañar su solicitud para una cirugía programada.

El paciente, con todo y el susto de saberse material de quirófano, vuela por los comprobantes necesarios y, al día siguiente, un jueves, se presenta a las 3 de la tarde a la oficina correspondiente, donde le informan que a esa hora ya no se reciben solicitudes. Vuelve a la ventanilla el viernes a primera hora, le reciben los documentos y le informan que tendrá respuesta ¡en 5 días hábiles! En menos de 24 horas el Cliente ha recibido 2 ganchos al hígado, sin contar que los días condicionados se vuelven 7 por el sábado y el domingo, ya que para el Cliente todos los días son largos y suman a su desasosiego.

El jueves previo a la entrega del resultado, presa ya de los nervios por la dilatada espera, habla a la oficina de trámites y le dicen que hable precisamente el viernes. El viernes pues, habla de nuevo y le informan que su solicitud ha sido rechazada porque la póliza no está pagada. El Cliente recibe un recto al mentón y un rodillazo a los bajos que no vio el árbitro y solo alcanza a decir que la póliza se cobra trimestralmente, de manera automática con cargo a una tarjeta de crédito. Les hace ver su desatención e ineficacia remarcándoles que emplearon ¡una semana para darse cuenta que la póliza no esta pagada! Respuesta fulminante: “Hable usted con su Agente”.

Bueno, pues lo que sigue aumentó el desconcierto, ya que después de varios intentos le informaron que el Agente estaba en una convención y regresaría 3 días después. A la postre se demostró que la póliza estaba debidamente pagada, a lo que el médico de la oficina de trámites para cirugías programadas, contestó que esas cosas pasan porque ¡No es conveniente hacer pagos parciales! Sin comentarios.

El tremendo equipo defensivo de la aseguradora, no solo no se ablandó si no que volvió a la carga: después de los consabidos días de espera el Cliente olvidó el miedo de la operación por el terror a la cinismocracia cuando le informaron que nuevamente su solicitud fue rechazada y esta vez por que no cumplía con el período mínimo de espera de 2 años. El Cliente, imploró y aportó pruebas de que eso no era posible puesto que tenía 15 años pagando la póliza y que, en todo caso, les observó que el incumplimiento de tal requisito debieron habérselo hecho junto con el de la supuesta falta de pago.

A punto de tirar la toalla y cancelar su póliza ante esta nueva andanada de golpes con impactos en la zona del bajo vientre, el Cliente con apoyo del Agente, demostró mediante una carta tramitada ante la oficina matriz, la validez de la solicitud en cuestión con lo que tres semanas después se autorizó la operación.

En este caso, el Cliente ganó la pelea, y como en los cuentos de hadas, se recuperó del malestar en las vías respiratorias, aunque, dicen los que me contaron esta historia, que por los corajes sufridos, los ganchos al hígado y los rodillazos en zona baja, adquirió una alergia crónica a las compañías de seguros que se refleja en las ingles cuando le recuerdan puntual y eficazmente, que esta por vencer el pago de la póliza.

sábado, 3 de abril de 2010

SALUD: MAS VALE PREVENIR QUE CURAR

La Primera Feria Latinoamericana de Innovación e Invención en Salud, (FLAIISA), se efectuó en la Facultad de Medicina de la UNAM, el 24 de marzo recién pasado. Destaca entre sus principales promotores, un querido amigo nacido en Guatemala, el Dr. Rolando Collado Ardón, quien ha puesto su vida, su pensamiento y obra al servicio de la salud pública de Latinoamérica y de México en particular.

Hace muchos años, casi 40, también fue mi jefe y maestro en la propia UNAM. Mi trabajo fue, entre otras tareas, aplicar un cuestionario a una muestra de médicos de los sectores público y privado y, por mi cuenta, ya de paso, a curanderos, chamanes y médicos prácticos en pueblos y ciudades del sureste mexicano, desde Veracruz hasta Quintana Roo. Para un estudiante de economía como yo, este choque con las carencias, con el dolor y con el aislamiento de la gente pobre que me fue transmitido por los médicos y “brujos” entrevistados, resultó dramático y una vivencia que me comprometió para siempre con la búsqueda de la salud y la felicidad de nuestro pueblo.

Hace casi 40 años, la tesis de Rolando Collado era muy sencilla: el Estado debe orientar su presupuesto en salud, hacia la prevención de las enfermedades, a gestar un pueblo sano, ya que la medicina curativa consume grandes porciones del presupuesto con muy poco impacto o alcance, entre quienes más lo necesitan. Hoy, tristemente, se puede decir que nuestro país se quedó congelado en los años 70, cuando conocí de cerca el dolor y las carencias de atención y medicinas de la mayoría de la población. Hoy, parece que lo único que ha avanzado es el rezago en la cobertura médica de nuestros pueblos y ciudades, el deterioro del equipo, la carencia de medicinas, la extenuante espera para la consulta externa y la resignada vigilia de los enfermos graves que aguardan por una esperanza, ya no digo de recuperación, si no al menos de atención tardía. ¿Irónico, o no?

¿Qué podemos hacer de frente hacia el futuro para que no pasen otros 40 años de suplicio en materia de salud? Pues de manera inmediata aplicar lo que el Dr. Collado y sus colegas proponen, recogen y difunden en los diversos foros de América Latina: hacer realidad el sueño de integrar una COMISIÓN LATINOAMERICANA EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA PARA LA SALUD (ULACYTS), que sirva como un aporte más hacia la estructuración de una UNIÓN LATINOAMERICANA como, a modo de semejanza, ya se tiene en plena consolidación, una UNION EUROPEA.

Al respecto, citaré como un ejemplo histórico, que dicha Unión Europea evolucionó desde 1951, en París, con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), misma que en 1952 se trocó en la Comunidad Europea de Defensa (CED); al tiempo, en 1957, en Roma, se transformó, ni más ni menos, en la Comunidad Económica Europea. Después Maastricht en 1993 que dio cuerpo al Mercado Común Europeo y Bruselas en 2002 donde se consolidó el Banco Central Europeo para que, flamantemente, en 2009, el Tratado de Lisboa se constituyera en el acta de nacimiento de la Unión Europea como ahora la conocemos. ¡Casí 60 años! ¿Y nosotros que hicimos con el capital humano y económico, decíamos, de los últimos 40 años?

Tenemos pues que apoyar sin pérdida de más tiempo, los trabajos actuales de FLAIISA, Promover centenares de ferias periódicas de carácter Subregionales. Nacionales, Estatales, Departamentales, Municipales, Locales e involucrar a la juventud (solo así el Proyecto tendrá continuidad), a la Sociedad Civil con sus cuatro motores: Universidad, Gobierno, Empresa Privada y organismos no gubernamentales.

Tenemos que alertar sobre temas como las infecciones comunitarias que por gérmenes resistentes a los antibióticos constituyen una amenaza para América Latina que debe ser estudiada y prevenida. Y que este anuncio sea bastante para que cuando se decida construir la salud, todos los recursos de una nación deban ponerse a su servicio. Julio Collado-Vides asegura, y con que grande razón, que TODO MINISTRO DEBE SER MINISTRO DE SALUD.

Tenemos que demostrar que los latinoamericanos podemos no solo generar ideas sino construir caminos que las hagan realidad y que somos también capaces de heredar un mejor futuro a las generaciones venideras.

Tenemos que aprovechar la magia de Cancún que es un punto en el plano coordenado, que se conoce en todo el mundo, para promover e impulsar desde aquí, el programa latinoamericano de salud y, a la postre, los avances necesarios para la integración de América Latina. Con aportes cuestionables y magros resultados, acabamos de observar aquí, la Cumbre de las Américas, en la que una vez más se obvió, como materia de fondo, la solución frontal al problema de la salud. Retomemos la Cumbre y coronémosla con la bandera de la salud.

Termino citando a R. Cabrera, R. Morelos y R. Collado, con una frase que taladra el vetusto paradigma que asocia la salud con los médicos. Dicen ellos y yo me adhiero: LA SALUD ES DEMASIADO IMPORTANTE PARA DEJARLA EN MANOS DE LOS MEDICOS.

sábado, 27 de marzo de 2010

¿Tienes el Valor o te Vale? ¡Me Vale!

Hay un anuncio que circula en varios medios de comunicación que reza más o menos así: “Tienes el Valor o te vale”. Y hay otro de incipiente circulación que estoy escribiendo ahorita mismo y que dice: “Tengo el valor para decir: ¡me vale!”. Y no digo madre porque esa si que vale y mucho.

Y es que al parecer todo se vale, ya que los sistemas de dominación y de control sobre las mayorías, se han apoderado del medio más moderno de comunicación electrónica que es el Internet. Y cuando menciono mayorías, aunque parezca una paradoja, incluyo en ellas a muchas que, en la suma de sus pasivos, tienen el común denominador de que han estado jodidas por los siglos de los siglos y aún hoy las siguen hostigando.

Y lo tengo que decir porque los en apariencia inocentes mensajes que arriban por Internet, se lanzan fuera de contexto y, en buena medida, han sustituido a los ya casi nostálgicos sermones dominicales. Antes, cuando no existía el Internet, los únicos mensajes conductuales nos llegaban en vivo, a cada quien en su parroquia y en el confesionario de su preferencia, al cabo que Dios está en todas partes. Estos mensajes o sermones, por lo común apuntaban en el sentido de que debemos ser buena onda, poner la otra mejilla, ofrecer al cielo nuestros sufrimientos, hambre y enfermedades, perdonar a nuestros enemigos y a los malos patrones y congratularnos de que nuestro sufrimiento en la tierra será el pago por lo que en el cielo gozaremos.

Esa era y sigue siendo la mejor oferta y la verdad no esta mal, ya que de lo perdido, lo que aparezca. Sin embargo, hoy en día el sermoneo se ha intensificado y ya son más los laicos que los párrocos los que predican el amor y la paz con uno mismo, superando así al discurso anterior que exhortaba el amor y paz hacia los semejantes. El argumento es reiterativo y usted como yo, prácticamente estará harto de que le lleguen mensajes, un día sí y otro también, en que le cuestionan cosas como estas: ¿cómo puedes amar a tus semejantes si no te amas a ti mismo? ¿Cómo puedes desear los vacuos productos que miras en la tele si antes no disfrutas de tu entorno, de la luna, de las flores, de los atardeceres y de compartir tu salario mínimo ayudando al teletón? Y, seguramente, también leerá que las verdaderas maravillas de la vida ¡son gratis! y que todo lo que de verdad e intensamente usted se proponga, lo podrá lograr. Date cuenta –nos reclaman como tonteándonos- ¡El éxito eres tu! ¡El éxito está en ti!
No niego que algunos escritos son muy buenos y que buscan la superación personal, pero aseguro y repito, que la mayoría están fuera de contexto y que tienen, paradójicamente, un sentido conformista y que para darle autoridad y credibilidad a muchos de esos mensajes que circulan por las redes electrónicas sociales, citan como referencia a personajes que forman parte del acervo histórico del genio humano o a celebridades más modernas cuya característica visible es el éxito popular y económico, si no es que se apoyan en pensadores con nombres exóticos de lejanas tierras y controversiales doctrinas y que son, han sido y serán, por tanto, garbanzos de a libra.

Pues planteado lo anterior, digo entonces, ¡me vale! Porque no puedo aceptar ejemplos que son producto de esfuerzos y circunstancias individuales. Yo quiero ejemplos de pueblos enteros que suman sus fuerzas y talentos para producir riqueza y que ésta se reparta con justicia y solidaridad. Tampoco puedo aceptar y ya alguien lo ha dicho, leyes iguales para personas desiguales.

Así es que, otra vez, ¡me vale!, pero no voy a festejar mensajes como: “El más rico es el que menos necesita”; “Mi felicidad no se basa en bienes materiales”; “Vivo en armonía con mi trabajo diario”; “Trabajo con todo mi esfuerzo para ganar el cariño de mi familia y el respeto mis amigos”; y así por el estilo, aunque todas estas bellas, universales y hermosas expresiones, que invitan a la reflexión, al amor, al compromiso individual para forjar una Patria grande y poderosa, sean rubricadas por grandes personajes.

Por último, también he leído por Internet, que todo lo bueno y lo malo está en mí y que todo lo que yo quiera lo puedo lograr: que si lo puedo ver, lo puedo tener. También he leído –y usted también- que no sufra ni cargue historias de penas, pues el pasado ya pasó (y yo ni me dí cuenta), que el futuro no existe (y yo ya estoy viendo venir la joda de mañana), que solo tenemos este momento y por lo tanto, hoy es el mejor día para empezar de nuevo. Y no me niegue querido lector, que no lo ponen a temblar con las amenazas que suelen llegar al final de algunos mensajes, porque pobre de aquel que rompa la cadena de Internet, lo mandan al averno atascado de maldiciones.

Pues bien, vuelvo a reiterar con todo y amenazas, que los espirituales mensajes que circulan por la red de Internet, ¡me valen!, porque no se pueden disfrutar las cosas bellas de la vida, aunque sean gratis, si se tiene a los hijos con la panza vacía, con los ojos saltones y nuestro corazón estrujado.

viernes, 19 de marzo de 2010

El Mundo se Acaba el 21.12.12.

Estimados, ya no queda mucho tiempo y creo que todos tenemos muchas cosas pendientes, muchos proyectos a mitad de camino y muchas esperanzas que se añejan aunque sean menos que los propósitos que posponemos.

Los agoreros del presente, cineastas, científicos, astrólogos, videntes y nuestra apreciada comunidad de brujos de Catemaco, han coincidido en que el mundo se va a acabar, cosa que ya todos sabíamos, pero lo nuevo que presagian y por lo que hay que limpiar la casa, hacer el testamento y arreglar los demás pendientes a la voz de ya, es porque el final está a la vuelta de la esquina: ¡21 de diciembre del 2012!

Este acucioso grupo de agoreros del presente, se apoyan además de los avances de la ciencia, en la predicciones de civilizaciones antiguas, como la de los agoreros Mayas, que le pusieron fecha aunque no hora (no dicen si será en la mañana o en la tarde), al último día de la humanidad sobre la faz de la tierra.

Lo que no dicen los visionarios de hoy, y probablemente sea por una omisión de interpretación, es que los Mayas no predicen un final de muerte, si no un final de un ciclo de vida que da comienzo a otra vida nueva que se instala en un estatus superior del conocimiento y del espíritu. El Calendario Maya se va conformando en función de celebraciones religiosas y de procesos asociados a la producción de alimentos, como el momento determinante de la siembra, las temporadas de lluvia, la rotación de las tierras para recuperar la fertilidad, etc., y todo esto se liga necesariamente a una cuestión de sobrevivencia, de vida. Hoy en día, parece que el calendario y el reloj solo sirven para medir el tiempo, y claro, el tiempo es dinero, dicen nuestros vecinos del río Bravo.

La difusión, profusa por cierto, de estas calamidades terroríficas y terminales sobre los humanos en este mundo tan querido y vapuleado, no va a ser inocua. Seguramente traerá a la par consecuencias inaceptables como desánimo, depresiones o, por decir lo menos, desconciertos y, desde luego, miedo, mucho miedo el que sufriremos y que será más por lo que pueda acontecer a nuestros seres queridos que por uno mismo. Sin embargo, si optamos por la interpretación positiva del espíritu de vida del Calendario Maya, entonces no tenemos de que preocuparnos, no va a pasar nada y el mundo seguirá su marcha en un nivel de conciencia superior.

Por lo anterior me atrevo a recomendarle, que no se gaste su dinero en fiestas de despedida o en conocer los antros que siempre quiso, o pedir fuertes créditos pensando que no los va a pagar, o maltratar a su jefe aunque sea por poco tiempo, mejor ahórrelo para que, el 22 de diciembre del 2012 si no pasó nada el día 21, entonces nos lo gastemos en una gran Fiesta de Renacimiento a nivel mundial, donde le demos principio a un Nuevo Mundo, más justo, sin pobres, sin guerras, sin hambre, donde la avaricia sea lo único que se acabe y nos ilumine el entendido de que la riqueza de la humanidad está en la vida, en el poder de su unión y no en el poder del dinero.

Pero, por si las moscas, le paso un buen tip que me acaba de recordar un querido paisano: “Si se acaba el mundo, yo me voy a Yucatán; ¡mare, ahí no nos pasa nada!

sábado, 13 de marzo de 2010

Política Kafkiana

No quiero decir con el título de este artículo que Franz Kafka escribiera específicamente sobre política, la mínima cordura y la más pobre cultura me libren de ello. No, lo que quiero decir es que me cuesta mucho trabajo asimilar la incongruencia del quehacer político en México que se expresa ya como una situación social angustiosa, ya como una representación grotesca y entonces lo asocio, por ejemplo, a La Metamorfosis de Kafka que, algunos críticos, la ubican en la corriente filosófica del surrealismo. De aquí asemejo que México es cabalmente un país Kafkiano y, por ende, su política también. Si Kafka hubiera sido mexicano, ¡señores!, de que gran cantidad de material hubiera dispuesto para desarrollar su ya de por sí reconocida y celebrada obra.

Nos cuentan de muchas maneras que nuestro voto, si, el de usted y el mío, es un voto poderoso, que tenemos la capacidad de quitar y poner, de dar o castigar, de defender con él la más pura de nuestras convicciones ideológicas: esto es bueno o esto es malo. Así de sencillo pero así de diáfano porque nos permite distinguir el azul del amarillo y estos del verde. Y ahora resulta, con una gran visión de estado, de solidaridad pluripartidista, de amor al poder, que no al pueblo y de perdón por las mutuas ofensas vertidas en los lavaderos públicos (no asociar con las Cámaras), que un muchacho probablemente reprobado en historia, y otro, ya medio cascado pero con igual nota, proponen que todos los mexicanos seamos ¡daltónicos!
Imagínese un arco iris en blanco y negro, o un jardín con bellos tonos de grises. Que nuevo nombre propondrán para las rosas y que tristes los pintores volverán aquellos crepúsculos rojos y amarillos encendidos que nosotros conocimos, sumergiéndose en el mar o escondiéndose tras montañas imponentes. No, no puede ser; no puede ser que además de pintar de negro nuestras casas por la falta de empleos, ahora quieran confundir nuestro pensamiento cruzando la frontera de los ideales.

¿Es que de pronto decidieron pasar al archivo muerto al millón de vidas que se perdieron hace 100 años durante la Revolución? ¿Y los muertos durante la guerra de Independencia? ¿Y los de la Reforma? Esencialmente han sido guerras libertarias entre Progresistas y Conservadores, digamos, entre azules y amarillos. Que ha pasado que nadie se dio cuenta, en que momento los azules se volvieron amarillos, lo cual no es malo; o cuando los amarillos se volvieron azules, lo cual nos haría pensar que actuaban con hipocresía; y que nos queda entonces a los poderosos pero desconcertados votantes: ¿un nuevo partido azul-amarillento, como el América, contra un partido verde como la Selección? Maquiavelo también, si hubiera sido mexicano en estos tiempos, tendría buena tela de donde cortar, si no es que de plano diría que a este tipo de enjuagues, maquinaciones y, porque no, perversiones políticas, no le entra y se va con su Príncipe a otro reino.

Estos cambios de ideología nos recuerda un viejo chiste que los espíritus aviesos le endilgan a Castro: “Compañeros, basta de discriminación, se acabaron los negros y los blancos, de ahora en adelante, todos somos azules”. Al día siguiente, en la cola para la leche racionada, los soldados separaban a la gente a culatazos y gruñidos: “Los azul claro al frente y los azul oscuro al fondo”. En las próximas elecciones así nos va a pasar, a la hora de votar todos seremos azules, pero cuando se trate de cumplir, a los de color de pueblo nos mandarán a la cola.
Nadie dijo, ni escrito está en parte alguna, que la democracia sea una reunión amorosa como la representada en La Ultima Cena, antes lo contrario, es más bien una cena pero de lobos, donde todo el mundo puede meter mano, decir lo que quiera, vociferar contra todo y por todo, secuestrar las más altas tribunas de la nación, emboscar los legítimos intereses del pueblo, pero de aquí a olvidar las convicciones políticas que llevaron a la formación de los Partidos, y que si están escritas en muchas partes, es una afrenta mayor a la inteligencia de los electores.

Pero todavía hay algo peor que la fusión del agua con el aceite (deberían darles el Nobel de química) de los azul-amarillento para sumar votos que les permitan hacerse del poder y repartirse a la postre los puestos municipales o estatales, y es la alianza de los azules con los verdes para que los primeros no hagan alianzas con otros a cambio de que los segundos aprueban los aumentos de precios de los bienes y servicios públicos así como el alza de diversos impuestos.

¿Dónde queda entonces el “poder” de nuestro voto? ¿Es que no podemos deshacer los acuerdos de los políticos que atentan contra los intereses del Pueblo? ¿Quién les otorga autoridad para negociar a nuestra espalda y tomar decisiones que por natura son contrarias a las mayorías? ¿Ese fue el mandato que les dimos a nuestros representantes, políticos todos, con el “poder” de nuestro voto? No, no fue ese y por tanto urge que las organizaciones civiles y sindicales, entre otras, empujen para que se concrete una gran reforma a nuestro sistema de gobierno y de elección de gobernantes, reforma que está siendo impulsada por diversas fuerzas y personas, que permita una rápida respuesta de los gobernados a las faltas de los gobernantes.

lunes, 1 de marzo de 2010

LOS PRIMEROS PASOS

Un hombrecillo rojo subiendo a una plantita verde,
La pistola de juguete enterrada en el patio de la escuela;
Metido bajo la mesa tocaba las piernas de las muchachas.
Jugaban en la calle a medirse el pene pegados al poste de la farola,
Todos tenían cinco o seis años y ninguno más de siete,
El precio de la derrota era muy alto: ¡niña! ¡niña!, le gritaban
A lo largo de la calle penumbrosa al que no se le distinguía ni la punta.

La estación de trenes de Mérida, hermosa, señorial, estaba atrás de la casa.
Esta era una fila de cuartos penetrados por vanos en el medio.
Durante el día eran la sala, el comedor y la cocina y en el patio el baño.
Por la noche eran dos dormitorios crucificados con hamacas
La cocina siempre fue cocina y el patio siempre fue baño.
El parque y el cine estaban a media cuadra, adornado de nostalgia
con sus casas grandes, la iglesia espléndida y la modesta escuela.

El barrio, nuestro barrio, La Mejorada, tenía todo eso y también
Tenía el Cuartel de Dragones con sus sardos imponentes
A quienes de lejos se les miraba, como a dobermans, con miedo
Y admiración, con respeto y desprecio, con su ropa verde
Y su mirada intimidante, con sus armas y sus balas y sus bayonetas.
El mercado del Chenbech abría bullicioso a las cinco de la mañana,
Se llenaba de mujeres haciendo el mandado con sus vestidos estampados.

Los durmientes y los rieles soportaron el paso del tren hacia Valladolid.
Pueblo iluminado por la aurora de oriente y hundido en la tiniebla de la noche,
Salvo tres horas, de las siete a las diez, por su luz eléctrica a medio morir.
Había dos cines, uno con techo y otro al aire libre, cupulado de estrellas.
Había de todo a pesar de ser un pueblo en 1953. Había un lugar para cada cosa:
La estación del ferrocarril llena de algarabía o de soledad, intermitentemente;
el mercado grande, la zona de las putas, la Iglesia opulenta, la escuela pobre.

Pero no era todo, también era digno el Palacio Municipal e indigno el hospital,
El restaurante Nicte-Há en la esquina sur poniente, la Plaza de Armas,
El Kiosko central y sus bancas encontradas como invitando al beso
Furtivo, al encuentro de un romance inesperado, al pretexto
De mirarse y encontrase como intención fugaz o como promesa de amor eterno.
Entre tanta belleza, entre tanto verde y tanta luz también esta la casona
Triste donde no entra el día, donde “El Botas” asesinó a dos ancianas.

Hay cosas en los pueblos que los extraños miran vergonzosas y humillantes.
Pero son ingenuas y naturales, como los niños en cuclillas sobre los troncos caídos,
Defecando en el patio, al aire libre y con el de atrás haciendo cosquillas
Con una ramita y todos riendo y todos gozando la travesura,
En tanto los más rápidos se limpian las nalgas con trozos muy bien recortados
De papel periódico o de papel “estrasa”, con el que antes se envolvió el pan.
Las abuelas, vigilantes todo el tiempo, se divertían con tales ocurrencias.

En la noche me sentaba en el pretil de la cocina mirando la seda negra del patio.
Me subyugaba la noche, aunque negra, tenía el brillo sensual de la seda.
Coleccionaba la cola de los alacranes y hablaba con los muertos amenamente.
Una tía me decía, cariñosa y comprensiva: “Es tu abuelo que vino a verte”.
La casa era muy grande, con 6 piezas enormes y una derrumbada en el techo
Y nadie tenía miedo de que se derrumbara algún otro, eso era una casa normal.
No recuerdo la existencia de lluvia en la niñez, solo inundaciones con víboras flotando.

Recuerdo a mi madre atrapada entre la angustia, el dolor y el amor a sus cuatro hijos.
El agua anegó la casa a más de medio metro. Los niños semisalvos en el medio sobre
La mesa de comer y la madre sumergida en el agua separándolos de las serpientes.
No se como no pude amar mucho más a mi madre después de esa inundación.
Pero si se que a las niñas de junto las bañaban desnudas en el patio de su casa
Y mis hermanos y mis amigos y yo, encaramados como frutas en el árbol,
Todas las tardes atisbamos el espectáculo de la desnudez y la diferencia de los cuerpos.

Eso es algo de lo que he sido, de lo que he vivido, de lo que he sentido,
Pero es solo una parte muy pequeña, la primera parte, la indolora, la de la risa
Extenuante y del dolor ausente. La que no tiene prisa, ni pausas, ni penas;
La que no tiene saldos, ni pasivos pendientes de pago, ni cuentas por cobrar,
Vamos, la que es pura vida y vida pura, la que es sentimiento puro
Y pura emoción por el puro gusto de vivir lo que se vive, de comer lo que se come,
De sentirse amado sin reservas, protegido, intocable. Eso, hace mucho pasó, fugazmente.

Carlos E. Ricalde Peniche
Querétaro, Febrero 21 del 2010